LA LECHE QUE FALTA Y EL SISTEMA QUE SE ESCURRE: QUIÉN RESPONDE CUANDO EL SAE NO LLEGA AL JARDÍN 910
El reclamo de SUTEBA vuelve a encender una vieja pregunta en el Partido de La Costa: cuando falta comida en una escuela, ¿la culpa es del intendente, del Consejo Escolar o de un sistema que nadie quiere mirar de frente?
Arranquemos por lo incómodo.
Porque lo fácil es el comunicado.
Lo difícil es entender quién firma el hambre cuando el alimento no llega.
En el Jardín 910 de Mar de Ajó Norte, según denunció SUTEBA La Costa–Gral. Lavalle, faltan litros de leche. No es un detalle administrativo. Es desayuno. Es merienda. Es infancia.
Y cuando un chico se sienta a una mesa vacía, la discusión deja de ser técnica.
Empieza a ser política.
EL SERVICIO ALIMENTARIO ESCOLAR: UN SISTEMA CON MUCHAS MANOS Y POCA CULPA ASUMIDA
En la Provincia de Buenos Aires, el Servicio Alimentario Escolar (SAE) no es un botón que aprieta un intendente.
Funciona como una cadena bastante más enredada.
Por un lado está la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, que define lineamientos generales.
Por otro, el financiamiento suele provenir del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia de Buenos Aires, que gira fondos específicos para los programas alimentarios.
Y en el medio, como siempre en Argentina, aparece el engranaje más sensible: el territorio.
El Consejo Escolar del Partido de La Costa es, en la mayoría de los casos, el que ejecuta compras, controla proveedores, recibe mercadería y distribuye a los establecimientos.
La escuela recibe. El proveedor entrega. El Consejo Escolar administra. La provincia financia.
Y el municipio… depende.
A veces colabora logísticamente. A veces interviene políticamente. A veces aparece en el medio cuando el sistema se rompe.
Pero la foto completa es más incómoda que un nombre propio.
CUANDO FALTA LA LECHE, NO ES SOLO UN PROBLEMA DE ENTREGA
El comunicado de SUTEBA es claro: faltan litros. Se entregan menos de los licitados. Y no es la primera vez.
Ahí aparece el dato que cambia el tono del asunto: la licitación existe. El menú está aprobado. Los fondos están girados.
Entonces la pregunta no es “si hay plata”.
La pregunta es dónde se corta.
Y en estos sistemas, el corte casi nunca es un solo responsable.
Puede ser un proveedor que no cumple.
Puede ser un control administrativo flojo.
Puede ser un Consejo Escolar desbordado.
Puede ser una planificación que no ajusta con la matrícula real.
Puede ser logística.
Puede ser todo eso junto.
Pero el resultado es uno solo: menos leche de la que corresponde.
Y ahí no hay teoría que lo tape.
EL ROL DEL MUNICIPIO: ENTRE LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA Y LA EJECUCIÓN INDIRECTA
En el centro del reclamo aparece el municipio de Partido de La Costa, conducido por el intendente Juan de Jesús, según menciona el comunicado gremial.
Ahora bien: en términos estrictamente administrativos, el municipio no siempre es el ejecutor directo del SAE.
Pero hay un punto que los papeles no resuelven.
La política sí.
Porque cuando el sistema falla, nadie va a buscar el expediente.
Van a buscar al que está más cerca.
Y el intendente está cerca.
Más cerca que La Plata.
Más cerca que un formulario.
Más cerca que una licitación.
Aunque no firme cada litro de leche.
INSPECTORES, ESCUELAS Y UNA CADENA QUE SE ROMPE EN EL MEDIO
El comunicado también menciona a la supervisión distrital y a la jefatura de educación inicial.
Y ahí aparece otro actor clave: la inspección educativa, que en la práctica debería garantizar que lo pedagógico —incluida la alimentación— se cumpla como derecho.
Pero en el medio de esta cadena, cada actor tiene su propio reporte, su propio nivel de urgencia, su propia burocracia.
Y la leche, mientras tanto, no aparece en la mesa.
EL PUNTO CIEGO: CUANDO EL DERECHO A LA ALIMENTACIÓN SE VUELVE LOGÍSTICA
El problema de fondo no es solo el Jardín 910.
Es el sistema completo.
Porque el SAE fue pensado como política de contención social. Pero en el territorio se vuelve una operación de abastecimiento.
Y cuando se vuelve logística, se despolitiza el hambre.
Se discute en litros.
En remitos.
En entregas.
En porcentajes.
Pero nadie discute lo esencial: un pibe que no desayuna no aprende igual.
Y eso no entra en ningún Excel.
QUIÉN TERMINA PAGANDO LAS CONSECUENCIAS
Siempre los mismos.
La docente que explica con chicos cansados.
La directora que reclama a proveedores.
El Consejo Escolar que administra con recursos finitos.
El municipio que recibe el reclamo político.
La provincia que gira fondos que no siempre alcanzan o no siempre llegan como deberían.
Pero sobre todo, los chicos.
Los que no firman licitaciones.
Los que no votan presupuestos.
Los que no participan de mesas técnicas.
Los que simplemente esperan la leche que estaba prometida.
EL SISTEMA FUNCIONA… HASTA QUE FALLA DONDE MÁS DUELE
El SAE no está roto. Está fragmentado.
Funciona en papeles, en circuitos administrativos, en resoluciones.
Pero en el aula, cuando falta lo básico, el sistema deja de ser sistema y se convierte en pregunta.
Y esa pregunta siempre vuelve a lo mismo:
¿Quién se hace cargo cuando el Estado llega a medias?
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