ENSOBRADOS INTEL | El dato que pasó desapercibido del Boletín Oficial y explica por qué muchas PyMEs ni siquiera llegan a competir con el Estado.
Mientras un carnicero paga el alquiler para mantener abierto su local, algunas empresas deben desembolsar millones de pesos simplemente para tener derecho a presentar una oferta al Estado.
Cuando escuchamos hablar de una “licitación pública”, la mayoría imagina una competencia abierta. Varias empresas presentan presupuestos y el Estado elige la mejor propuesta para hacer una obra o comprar productos.
En teoría, así debería funcionar.
Pero los últimos movimientos publicados en el Boletín Oficial bonaerense muestran otra realidad: en algunos municipios, participar cuesta tan caro que muchas pequeñas y medianas empresas quedan afuera antes de empezar.
Uno de los casos más llamativos es el de Avellaneda. Según la documentación oficial, para competir por una etapa de la obra del Auditorio Municipal, las empresas deben pagar más de $3,2 millones para adquirir el pliego de bases y condiciones.
Es decir, más de tres millones de pesos solamente para acceder a la documentación necesaria para presentar una propuesta.
¿Qué significa esto para el vecino?
Imaginemos que un carnicero quiere ofrecerle milanesas al comedor escolar de su barrio.
Antes de mostrar precios o demostrar que puede cumplir, le exigen pagar una suma millonaria solo para anotarse.
La mayoría directamente ni lo intenta.
Lo mismo ocurre con muchas PyMEs de la construcción o proveedores locales. Sin espalda financiera suficiente, quedan fuera del juego.
¿Entonces siempre ganan los mismos?
No necesariamente. Pero sí se reduce la cantidad de competidores reales.
Y cuando hay menos competencia, aparecen preguntas incómodas:
- ¿Cuántas empresas terminan presentándose?
- ¿Los valores obtenidos son realmente los mejores?
- ¿Cuántos proveedores nuevos logran ingresar al sistema?
- ¿Las reglas favorecen la transparencia o levantan barreras de entrada?
Un problema que va más allá de la política
No se trata solamente de oficialismo u oposición.
La discusión es más simple: si el Estado compra con plata de todos, ¿cuántos pueden competir para ofrecer el mejor precio y la mejor calidad?
Porque cuando participar cuesta millones, la licitación sigue siendo pública en los papeles, pero deja de ser accesible para gran parte del sector privado.
Mientras el vecino compara precios para llegar a fin de mes y el barrendero sale a trabajar cada mañana sin margen para equivocarse, el Estado bonaerense mueve miles de millones de pesos bajo reglas que muy pocos conocen.
Y quizás esa sea la pregunta más importante de todas:
¿Estamos construyendo un sistema abierto para que compitan más empresas o uno donde sólo pueden jugar quienes ya tienen suficiente espalda para entrar?
Epílogo
Palabras: muchas más de las que admite un pliego de dos horas.
Nivel de ironía: moderado.
Verdades incómodas: varias.
Probabilidad de que algún funcionario diga que “siempre fue así”: alta.
También podés leer noticias de la región:
La Costa | General Lavalle | Pinamar | Dolores | Castelli
