La CGT prueba un modelo francés: qué es la “huelga por escalada” con la que busca desgastar a Milei
La central obrera analiza una nueva estrategia para enfrentar al Gobierno de Javier Milei: paros sectoriales sucesivos, movilizaciones permanentes y conflicto sostenido. La experiencia fue utilizada en Francia contra Emmanuel Macron y ahora desembarca en el sindicalismo argentino.
La relación entre el Gobierno nacional y la CGT volvió a tensarse. Pero esta vez, la respuesta que evalúa la conducción cegetista no sería el clásico paro general de 24 horas que paraliza al país y luego deja paso a una tregua obligada.
La alternativa que comenzó a ganar terreno puertas adentro de la central obrera tiene otro nombre: “huelga por escalada“.
Se trata de una modalidad que distribuye el conflicto en el tiempo y entre distintos sectores de actividad. El objetivo es mantener presión constante sobre la Casa Rosada sin detener simultáneamente toda la economía.
Una protesta que no se agota en un solo día
La conducción de la CGT debatirá esta semana cómo continuar el plan de lucha contra las políticas impulsadas por Javier Milei. El miércoles 17 se reunirán representantes de gremios industriales, del transporte, la alimentación y la energía para analizar los próximos pasos.
Entre las opciones aparece este esquema de protestas escalonadas.
La lógica es simple: un sector inicia las medidas de fuerza durante determinado período y luego otro toma la posta. Más adelante se suman nuevas actividades, manteniendo vivo el conflicto durante semanas o incluso meses.
Así, el desgaste deja de concentrarse en una única jornada de paro nacional.
El espejo francés
La inspiración no surge de la tradición sindical argentina sino de Europa.
Durante 2023, los sindicatos franceses utilizaron una estrategia similar para resistir la reforma previsional impulsada por Emmanuel Macron.
Primero protagonizaron las medidas los trabajadores ferroviarios, las refinerías y el sector energético. Después se incorporaron los recolectores de residuos, el transporte urbano y los docentes.
La protesta también incluyó movilizaciones permanentes y acciones complementarias que mantuvieron el tema instalado en la agenda pública durante meses.
Aunque Macron finalmente logró avanzar con la reforma, el conflicto dejó una marca política profunda y sostuvo altos niveles de rechazo social.
¿Por qué la CGT piensa en este esquema?
Dentro de la central existe un diagnóstico compartido: un nuevo paro general inmediato podría tener impacto mediático, pero difícilmente modifique la estrategia del Gobierno.
Además, una huelga tradicional implica un costo económico directo para millones de trabajadores en una situación salarial cada vez más compleja.
La “huelga por escalada” busca repartir ese costo entre diferentes gremios y sostener la capacidad de presión durante períodos más extensos.
El mensaje también parece apuntar hacia adentro del movimiento obrero: mostrar iniciativa, evitar la imagen de inmovilidad y responder a los sectores más combativos que reclaman profundizar las medidas.
El dilema sindical
La apuesta no está exenta de riesgos.
Si el conflicto se prolonga demasiado sin resultados concretos, podría generar desgaste entre los propios trabajadores. Pero si logra coordinar sectores estratégicos y mantener visibilidad pública, la CGT podría encontrar una herramienta más efectiva que el paro tradicional.
En definitiva, la discusión ya no parece pasar únicamente por si habrá o no una huelga general.
La verdadera pregunta es otra: si el sindicalismo argentino está dispuesto a abandonar sus viejos manuales para ensayar nuevas formas de confrontación en una Argentina atravesada por el ajuste, la caída del poder adquisitivo y una creciente tensión social.
Mientras el Gobierno apuesta a sostener el rumbo económico, la CGT evalúa cambiar las reglas del juego del conflicto gremial. Y cuando cambian las reglas, nadie puede anticipar con precisión cómo termina la partida.
✍️ Redacción Ensobrados
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