Deuda en hogares bonaerenses: seis de cada diez familias se endeudaron para llegar a fin de mes
Un informe de la Defensoría del Pueblo bonaerense reveló que seis de cada diez hogares tomaron deuda para cubrir comida, alquiler, servicios o gastos de salud. Tres de cada cuatro todavía no pudieron cancelarla.
📚 Para entender esta historia
El endeudamiento familiar dejó de estar asociado solamente a grandes compras o gastos extraordinarios. En la provincia de Buenos Aires, cada vez más hogares recurren a préstamos para cubrir necesidades básicas. Un informe de la Defensoría del Pueblo bonaerense puso números a esa realidad y mostró que la deuda se concentra especialmente en familias con menores ingresos y hogares sostenidos por mujeres.
Hay una forma bastante sencilla de explicar cuándo una economía familiar empieza a complicarse: cuando la plata se termina antes que el mes.
En la provincia de Buenos Aires, esa situación ya no parece ser una excepción.
Un informe de la Defensoría del Pueblo bonaerense, titulado “Hablemos de deudas: desigualdades, informalidad y género”, reveló que seis de cada diez hogares bonaerenses tomaron algún tipo de deuda para poder afrontar gastos básicos.
Comida, alquiler, servicios y salud aparecen entre los principales destinos.
El dato que viene inmediatamente después es todavía más preocupante: tres de cada cuatro familias que se endeudaron todavía no pudieron cancelar esas obligaciones.
La deuda, entonces, dejó de ser simplemente una herramienta financiera para afrontar una compra importante.
Para una parte de los hogares bonaerenses, se convirtió en una forma de sobrevivir hasta el próximo ingreso.
Deuda en la provincia de Buenos Aires para comprar comida y pagar remedios
El informe de la Defensoría pone el foco sobre un cambio profundo en el comportamiento de las familias.
Cuando una persona se endeuda para comprar un electrodoméstico, financiar un viaje o realizar una inversión, la deuda está vinculada a una decisión de consumo.
Cuando necesita pedir dinero prestado para comprar alimentos, pagar el alquiler o afrontar una urgencia médica, la lógica es completamente diferente.
No se está financiando un proyecto.
Se está financiando el presente.
Y cuanto más se demora la posibilidad de cancelar esa deuda, mayor es la presión sobre el ingreso futuro.
Además, una parte importante de esas obligaciones no se contrae necesariamente con bancos. Las familias recurren también a familiares, conocidos, prestamistas barriales y mecanismos informales de financiamiento.
El problema es que esas alternativas pueden carecer de las garantías y condiciones que existen en el sistema financiero formal.
La deuda termina así funcionando como una especie de puente construido con tablones cada vez más finos: sirve para llegar al otro lado, pero cada mes cuesta más sostenerlo.
Hogares sostenidos por mujeres, los más expuestos al endeudamiento
La situación adquiere una dimensión todavía más delicada cuando se observa quién sostiene esos hogares.
La Defensoría señaló un impacto particularmente fuerte en los hogares monomarentales, especialmente cuando las madres no reciben regularmente la cuota alimentaria correspondiente.
En esas familias, la misma persona debe afrontar simultáneamente ingresos, alimentos, alquiler, servicios y tareas de cuidado.
Cuando el dinero no alcanza, aparece el crédito.
Y cuando el crédito tampoco alcanza, aparece una nueva deuda para pagar la anterior.
El círculo se vuelve difícil de romper.
El organismo también vinculó este proceso con consecuencias sobre el bienestar de las familias, incluyendo situaciones de angustia y estrés, producto de la presión que generan ingresos insuficientes y obligaciones acumuladas.
No es solamente una cuestión contable.
La deuda también ocupa espacio en la vida cotidiana.
Endeudamiento bonaerense: el problema también alcanza a los trabajadores estatales
El fenómeno tampoco queda restringido a los sectores más vulnerables.
Un relevamiento de ATE a nivel nacional indicó que el 87% de los trabajadores estatales están endeudados.
Dentro de ese universo, el 40% manifestó haber tomado deuda para afrontar situaciones como alquileres o urgencias médicas, mientras que otro 37% recurrió al endeudamiento para comprar alimentos, ropa o cancelar compromisos anteriores.
El dato sirve para poner en perspectiva una discusión que muchas veces queda reducida a porcentajes de inflación, salarios o actividad económica.
Una familia puede registrar una mejora estadística en algún indicador y, al mismo tiempo, seguir utilizando deuda para llegar a fin de mes.
Ahí aparece la diferencia entre la macroeconomía y la economía doméstica.
Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense, resumió esa tensión con una frase que terminó funcionando como diagnóstico político: “Las familias no llegan al día 20”.
El calendario, en estos casos, se convierte en una suerte de auditoría involuntaria.
El sueldo llega.
Las cuentas también.
La comida no puede esperar.
El alquiler tampoco.
Y los medicamentos, mucho menos.
La deuda ya no financia consumo: financia supervivencia
El dato más importante del informe probablemente no sea solamente cuántas familias están endeudadas, sino para qué necesitan endeudarse.
Cuando una familia pide dinero para cubrir comida, vivienda o salud, el problema deja de ser exclusivamente financiero.
Es un problema de ingresos.
Y cuando tres de cada cuatro hogares endeudados todavía no pudieron cancelar sus obligaciones, la deuda comienza a convertirse en una estructura permanente que condiciona los meses siguientes.
La discusión económica, entonces, debería mirar también esa factura.
Porque detrás de cada porcentaje hay una familia que decide qué pagar primero y qué puede esperar.
Y cuando comer, pagar el alquiler y comprar remedios compiten por el mismo billete, hablar simplemente de “consumo” queda demasiado cómodo.
La deuda no desaparece porque termine el mes.
Solamente cambia de dueño.
Ensobrados, desde la provincia de Buenos Aires, donde llegar al día 20 ya parece una meta económica y no una fecha del calendario.