Nucleoeléctrica: el Senado bonaerense quiere sentar a Kicillof en la mesa de la privatización
El Senado bonaerense aprobó el proyecto de Sergio Berni para que la Provincia tenga representación en el proceso de privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina. La iniciativa crea además una bicameral de seguimiento. Ahora deberá pasar por Diputados.
Hay una privatización en marcha y la Provincia de Buenos Aires quiere, al menos, una silla en la mesa.
El Senado bonaerense aprobó el proyecto impulsado por Sergio Berni para que el Gobierno de Axel Kicillof tenga representación en el procedimiento de privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), la empresa que opera las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse.
La iniciativa fue aprobada el 15 de septiembre y el expediente ya fue girado a la Cámara de Diputados bonaerense.
El planteo no modifica por sí mismo el proceso nacional de privatización. Busca otra cosa: que Buenos Aires pueda participar, controlar y recibir información sobre una operación que tiene uno de sus principales puntos operativos en territorio bonaerense.
Y ahí aparece Zárate.
Nucleoeléctrica y el peso de Zárate en la discusión
El expediente presentado por Berni, junto con Malena Galmarini y Diego Videla, propone designar representantes de la Provincia para intervenir en el procedimiento de privatización de NASA.
La discusión tiene una particularidad geográfica que no es menor.
En Lima, partido de Zárate, funcionan Atucha I y Atucha II y se encuentra además el proyecto CAREM-25. Es decir: una parte central de la actividad nuclear de Nucleoeléctrica está instalada en territorio bonaerense.
Por eso, el argumento provincial apunta a que Buenos Aires no debería enterarse por los diarios de qué ocurre con una empresa estratégica que tiene parte de su estructura industrial y laboral dentro de la provincia.
El proyecto también contempla una bicameral de seguimiento, integrada por cinco senadores y cinco diputados, que funcionaría como órgano veedor del proceso. Según la información oficial del Senado, la comisión tendría participación en el seguimiento de la operación y acceso a información vinculada con el procedimiento.
Qué está privatizando Nación y qué queda en manos del Estado
La discusión tampoco es sobre una venta total de Nucleoeléctrica.
El Gobierno nacional autorizó en 2025 un esquema de privatización parcial que contempla la venta del 44% de las acciones, mediante licitación pública nacional e internacional, mientras que hasta un 5% quedaría destinado a un Programa de Propiedad Participada. El Estado conservaría el 51% y, por lo tanto, la participación mayoritaria.
El proceso fue iniciado formalmente por el Ministerio de Economía en noviembre de 2025.
La explicación oficial es que la incorporación de capital privado permitiría financiar inversiones y proyectos estratégicos, manteniendo el control estatal.
Del otro lado, el proyecto bonaerense pone el foco en la naturaleza estratégica de la actividad nuclear y en la participación provincial prevista —según sus fundamentos— por el artículo 11 de la Ley 23.696.
Ahí está el verdadero cruce.
La pelea no es solamente por las acciones
La discusión sobre Nucleoeléctrica tiene una dimensión que va bastante más allá de quién posee el 44% de una empresa.
Hay centrales nucleares. Hay trabajadores. Hay conocimiento científico. Hay infraestructura energética. Hay proveedores. Hay inversión pública acumulada durante décadas.
Y hay territorio.
Para Buenos Aires, la pregunta es cuánto puede incidir sobre una operación nacional que tiene consecuencias concretas dentro de la provincia.
Para Nación, el esquema ya está definido: capital privado, pero con mayoría estatal.
Ahora la pelota queda del lado de Diputados bonaerenses.
Porque mientras Nación prepara la apertura del paquete accionario, la Provincia intenta evitar quedar mirando desde la tribuna.
La privatización podrá decidirse en otro escritorio.
Pero una parte de sus consecuencias va a caer, inevitablemente, sobre territorio bonaerense.
Y en política, como en la vida, una cosa es no manejar el volante.
Otra muy distinta es aceptar viajar sin siquiera mirar hacia dónde va el auto.