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Data centers en Patagonia: la carrera por la IA llega a Argentina

Los data centers en Patagonia empiezan a atraer inversiones millonarias por la energía, Vaca Muerta y las renovables. Neuquén, Chubut y Bahía Blanca aparecen en el nuevo mapa tecnológico argentino.

Data centers en Patagonia: la carrera por la IA llega a Argentina
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La Patagonia entra en la carrera por los gigantes de la inteligencia artificial: energía, Vaca Muerta y una inversión que todavía está por hacerse

La Argentina empieza a aparecer en el radar internacional de los grandes data centers. Neuquén, Chubut y Bahía Blanca concentran proyectos que podrían demandar cientos o incluso miles de megavatios. Pero entre los anuncios y las obras hay una distancia enorme: faltan infraestructura, fibra, financiamiento y certezas.

Hay una nueva carrera tecnológica en marcha. Y esta vez no se corre en Silicon Valley.

Se corre en la Patagonia.

Mientras las grandes compañías tecnológicas buscan desesperadamente energía para alimentar la expansión de la inteligencia artificial, el sur argentino empieza a aparecer como una combinación difícil de ignorar: territorio disponible, clima frío, gas de Vaca Muerta, energía renovable y posibilidades de expansión.

El dato fue revelado por Reuters, que recorrió el mapa de proyectos que comienzan a tomar forma en Argentina. Pero conviene poner los pies sobre la tierra: muchos todavía están en una etapa inicial y no todos tienen financiamiento definitivo ni obra en marcha.

La pregunta, entonces, no es solamente cuántos millones podrían llegar.

Es otra.

¿Qué país quiere construir Argentina alrededor de la inteligencia artificial?

Data centers en Patagonia: por qué las empresas miran hacia el sur argentino

El atractivo comienza por algo bastante menos sofisticado que la inteligencia artificial: la electricidad.

Un centro de datos de gran escala consume enormes cantidades de energía. Y cuanto más crecen los modelos de IA, más infraestructura informática necesitan detrás.

Neuquén aparece en primera fila.

Pampa Energía estudia instalar un mega data center junto a su central térmica Loma de la Lata, aprovechando la cercanía con Vaca Muerta. El proyecto podría alcanzar una demanda de hasta 500 MW.

La compañía ya está conversando con potenciales inversores y, según explicó su director comercial Rubén Turienzo a Reuters, la estrategia sería comenzar con una escala mucho menor, de entre 20 y 40 MW, antes de avanzar hacia una instalación de mayor tamaño.

El salto es enorme.

La infraestructura eléctrica necesaria para llegar a los 500 MW podría requerir cerca de US$900 millones, según la empresa.

Y ahí aparece el primer problema argentino de siempre: anunciar una inversión es relativamente sencillo. Construirla es otra historia.

Neuquén, Vaca Muerta y el nuevo negocio de la electricidad

La provincia también recibió consultas de otros desarrolladores.

FlexDomes, una compañía estadounidense especializada en infraestructura para data centers, analiza una instalación que podría comenzar con 120 MW de carga informática y una inversión estimada en US$1.400 millones.

El atractivo vuelve a ser el mismo: energía disponible y la posibilidad de utilizar el gas de Vaca Muerta.

Pero esta vez el recurso no se vendería solamente como combustible.

Se transformaría en electricidad para alimentar servidores.

Es un cambio interesante.

Durante años, Argentina discutió cómo sacar más dólares de Vaca Muerta. Ahora aparece otra posibilidad: utilizar esa energía dentro del país para convertirse en parte de la infraestructura que necesita la economía digital.

El negocio ya no termina cuando se extrae el gas.

Puede continuar cuando ese gas termina convertido en electricidad, esa electricidad alimenta servidores y esos servidores procesan inteligencia artificial.

Chubut imagina un data center de hasta 3.000 MW

El proyecto de mayor escala mencionado por Reuters aparece en Chubut.

La empresa polaca Green Capital planea comenzar con una instalación de aproximadamente 300 MW, con una inversión estimada en US$3.000 millones.

Pero el objetivo de largo plazo sería mucho mayor: llegar hasta 3.000 MW.

La compañía busca además generar buena parte de la energía necesaria mediante parques eólicos y solares propios, reduciendo su dependencia del sistema eléctrico nacional.

Para eso estaría alquilando alrededor de 1.298 kilómetros cuadrados de tierras al sur de Trelew.

Es una dimensión que permite entender el tamaño del negocio.

No estamos hablando simplemente de construir un edificio lleno de computadoras.

Estamos hablando de energía, líneas eléctricas, fibra óptica, caminos, terrenos, sistemas de refrigeración, seguridad, telecomunicaciones y una infraestructura permanente alrededor de esas máquinas.

Bahía Blanca también aparece en el mapa

La historia no termina en la Patagonia profunda.

En la provincia de Buenos Aires también se mueve una pieza importante.

Pampa Energía acordó aportar 30 MW para la primera etapa de un data center ubicado en la zona franca de Bahía Blanca.

El concesionario de la zona franca ya comenzó a construir un parque tecnológico y espera alcanzar acuerdos definitivos de inversión hacia fines de 2026, según Reuters.

Bahía Blanca tiene además una ventaja estratégica: infraestructura energética, actividad industrial, disponibilidad de tierras y una ubicación conectada con uno de los principales polos productivos del país.

Para Buenos Aires, el desarrollo puede ser especialmente relevante.

Porque si la Argentina termina entrando en serio en la economía de los grandes centros de datos, Bahía Blanca podría convertirse en uno de los puntos donde la energía bonaerense se encuentre con la infraestructura digital.

OpenAI, el proyecto de US$25.000 millones y una advertencia

Hay otro nombre que aparece inevitablemente: OpenAI.

En octubre de 2025, la compañía anunció una alianza con Sur Energy para analizar un proyecto de data center alimentado con energía limpia que podría alcanzar 500 MW y hasta US$25.000 millones de inversión.

Pero también acá conviene separar anuncio de realidad.

El propio seguimiento citado por Reuters muestra que el proyecto todavía necesita avanzar hacia definiciones concretas sobre ubicación, contratos e implementación.

Y esa diferencia importa.

Porque Argentina tiene una larga tradición de grandes anuncios que después chocan contra una realidad bastante menos fotogénica: financiamiento, permisos, infraestructura y reglas que deben sostenerse durante décadas.

El verdadero cuello de botella no es la tierra: es la infraestructura

La Patagonia tiene energía.

Tiene territorio.

Tiene frío.

Tiene viento.

Tiene gas.

Pero eso no significa automáticamente que tenga un ecosistema preparado para los mega data centers.

Reuters recoge justamente esa advertencia: tener electricidad no alcanza.

También hacen falta redes de transmisión, fibra óptica, conectividad internacional y capacidad para transportar enormes volúmenes de información.

Ahí aparece un actor argentino que puede terminar teniendo un papel mucho más importante del que suele ocupar en la conversación pública: ARSAT.

La empresa estatal ya opera infraestructura de telecomunicaciones y es un actor central de la Red Federal de Fibra Óptica.

De hecho, un proyecto oficial de expansión de la REFEFO contempló el despliegue en Río Negro, Chubut y Santa Cruz, utilizando incluso fibras ópticas instaladas sobre líneas de alta tensión. El proyecto previó infraestructura sobre una traza de 1.360 kilómetros entre San Antonio Oeste y Río Gallegos.

Ese dato cambia la conversación.

Porque si Argentina pretende atraer data centers de cientos de megavatios, no alcanza con ofrecerles un terreno y electricidad.

Hay que poder conectar esos centros con el resto del país y con el mundo.

Y esa infraestructura también es poder económico.

La pregunta que queda afuera de los anuncios

Hay algo que todavía no aparece con suficiente fuerza en la discusión.

¿Quién construye toda esa infraestructura?

¿Quién financia las líneas?

¿Quién paga las conexiones?

¿Quién obtiene los beneficios fiscales?

¿Quién controla los recursos?

¿Y cuánto empleo permanente generan instalaciones que pueden demandar miles de millones de dólares pero funcionar con una cantidad relativamente limitada de trabajadores una vez terminadas?

No son preguntas contra los data centers.

Son las preguntas que deberían hacerse antes de festejar cualquier inversión.

Porque la inteligencia artificial puede convertir a la Argentina en un proveedor estratégico de energía e infraestructura digital.

Pero también puede transformar enormes cantidades de recursos naturales y territorio en infraestructura para compañías globales si el país no define qué quiere obtener a cambio.

La carrera recién empieza.

Y esta vez la materia prima no son solamente los datos.

Es la electricidad.

La Patagonia puede tener una oportunidad gigantesca delante suyo.

La cuestión es si Argentina va a vender energía para alimentar la inteligencia artificial de otros, o si además va a construir alrededor de ella una economía tecnológica capaz de generar valor dentro del país.

Porque una cosa es poner servidores en el sur.

Y otra, bastante distinta, es construir futuro.

Y entre ambas hay una diferencia que se mide en infraestructura, reglas y quién termina pagando la cuenta.

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