Pinamar: La Frontera queda bajo la lupa y la seguridad vuelve a entrar en escena
Un acuerdo judicial obliga al Municipio a implementar un sistema integral de seguridad para cuatriciclos, UTV, motos y 4×4 en la zona de médanos. Después de años de accidentes y discusiones sobre la regulación, La Frontera tendrá nuevas reglas.
Durante años, La Frontera de Pinamar funcionó casi como un territorio donde cada uno hacía lo que podía.
Cinco kilómetros de médanos, arena y caminos informales. Cuatriciclos, UTV, motos y camionetas circulando en un escenario difícil de controlar. Y detrás de esa postal turística, una sucesión de accidentes que volvió a poner una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿hasta dónde llega la libertad individual cuando una decisión puede terminar afectando la vida de otra persona?
Ahora, esa discusión llegó a los tribunales.
Un acuerdo judicial cambia las reglas en La Frontera
El Municipio de Pinamar llegó a un acuerdo de conciliación judicial con Pablo Martínez Carignano, exdirector ejecutivo de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, quien había presentado un amparo reclamando medidas de seguridad para la circulación en la zona.
Como consecuencia del acuerdo, el municipio deberá implementar de cara al próximo verano un sistema integral de seguridad para la circulación de cuatriciclos, UTV, motos y vehículos 4×4 en los médanos.
La resolución marca un cambio importante frente a una problemática que durante años quedó atrapada entre dos argumentos: la necesidad de preservar una actividad turística tradicional y la obligación del Estado de prevenir accidentes.
Martínez Carignano expresó su satisfacción por el acuerdo y destacó que fue alcanzado mediante diálogo y con el objetivo de evitar nuevas tragedias.
La discusión, en definitiva, dejó de ser solamente política.
Ahora tiene también una dimensión judicial.
Una década de accidentes y preguntas sin respuesta
La Frontera no es nueva en las noticias por los accidentes.
Durante los últimos años se registraron distintos episodios graves, algunos de ellos con víctimas fatales y otros con personas heridas de gravedad.
Uno de los casos que quedó grabado ocurrió hace aproximadamente una década, cuando un niño de 12 años murió tras volcar el cuatriciclo que conducía.
Más recientemente, el caso de Bastián Jerez, un niño de 8 años que sufrió gravísimas heridas tras un choque mientras viajaba en un vehículo UTV junto a su padre y otras dos menores, volvió a poner el problema en el centro de la escena.
No se trata solamente de estadísticas.
Detrás de cada accidente hay familias, hospitales, rehabilitaciones y consecuencias que muchas veces duran mucho más que el verano.
Libertad individual versus prevención
Durante años, una parte de la discusión estuvo atravesada por la defensa de la libertad para circular y por la importancia económica que tiene esta actividad para Pinamar.
Pero el problema aparece cuando esa libertad se desarrolla en un espacio donde conviven vehículos de gran porte, motos, peatones y familias en una superficie de arena que, además, dificulta la visibilidad y el control.
La pregunta no es si los vehículos todoterreno deben desaparecer.
La discusión es otra: qué reglas existen, quién las controla y qué ocurre cuando no se cumplen.
Porque la ausencia de regulación también es una decisión.
Y cuando el Estado decide no intervenir frente a un riesgo conocido, después resulta difícil explicar que la tragedia fue simplemente un accidente inevitable.
El verano que viene tendrá otra mirada
El acuerdo alcanzado obliga a Pinamar a avanzar hacia un esquema de seguridad para una zona que durante mucho tiempo estuvo marcada por las dificultades para ejercer controles.
Ahora habrá que ver cómo se implementan las medidas, quién será responsable de fiscalizarlas y si los controles serán suficientes para evitar que las reglas queden solamente escritas en un expediente.
La Frontera seguirá siendo un atractivo turístico.
Los motores probablemente también seguirán rugiendo.
Pero hay algo que debería cambiar.
Porque en una ciudad turística, cuidar la actividad económica es importante.
Cuidar la vida de quienes llegan a disfrutarla debería serlo todavía más.