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Sucesión de Kicillof: la pelea por el poder bonaerense en 2027

La sucesión de Axel Kicillof ya mueve el tablero político bonaerense. Gabriel Katopodis y Leonardo Nardini expresaron sus aspiraciones para 2027, mientras la Liga de Intendentes busca ganar influencia en una interna donde también juegan el kicillofismo, La Cámpora y el Frente Renovador.

Sucesión de Kicillof: la pelea por el poder bonaerense en 2027

La pelea por la sucesión de Kicillof ya empezó: los intendentes quieren poder y nadie quiere quedar afuera

Gabriel Katopodis y Leonardo Nardini se anotaron para la Gobernación, mientras una liga de intendentes busca ganar peso en la interna. Detrás de los nombres hay una discusión más profunda: quién va a manejar el poder bonaerense en 2027 y quién tendrá que conformarse con mirar desde afuera.

En la provincia de Buenos Aires, las campañas empiezan bastante antes de que aparezcan los carteles. Primero llegan las reuniones, después las fotos, más tarde los discursos sobre la unidad. Y cuando alguien se quiere acordar, ya hay media dirigencia peleándose por una candidatura que todavía no existe.

La sucesión de Axel Kicillof entró en esa etapa. Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura bonaerense, y Leonardo Nardini, intendente de Malvinas Argentinas, hicieron públicas sus aspiraciones de competir por la Gobernación en 2027. No es una candidatura oficializada, pero sí una señal de que la discusión dejó de ser un murmullo de pasillo.

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El problema para el peronismo es que no alcanza con encontrar un nombre. Hay que resolver quién lo elige, qué sectores se sienten representados y cuántos dirigentes están dispuestos a aceptar una decisión tomada por otros.

Porque en política todos hablan de unidad. Hasta que llega el momento de repartir los lugares.

La sucesión de Kicillof abre una disputa por el poder bonaerense

Axel Kicillof no podrá buscar un tercer mandato consecutivo en 2027. Su futuro político, además, tiene una dimensión nacional: dentro de su espacio hay dirigentes que lo respaldan para una eventual candidatura presidencial.

Esa posibilidad abre una pregunta incómoda para el oficialismo provincial: si el gobernador decide jugar en la Nación, ¿quién garantiza la continuidad de su armado político en Buenos Aires?

Gabriel Katopodis empezó a mostrar sus cartas. El ministro de Infraestructura afirmó que le gustaría conducir la provincia y defendió la posibilidad de resolver la candidatura mediante unas PASO.

Su argumento combina experiencia de gestión y continuidad política. Ya gobernó San Martín, pasó por el Gobierno nacional y ahora integra el gabinete bonaerense. Considera que ese recorrido lo habilita para disputar el cargo.

Leonardo Nardini, por su parte, confirmó que quiere competir por la Gobernación. El intendente de Malvinas Argentinas también pasó por el Ministerio de Infraestructura provincial durante el primer mandato de Kicillof.

Los dos movimientos tienen algo en común: sus protagonistas no esperan a que la mesa chica del peronismo les diga cuándo pueden empezar a hablar.

Y eso cambia el escenario. Cuando varios dirigentes expresan sus aspiraciones al mismo tiempo, la discusión deja de ser solamente programática. También pasa por los respaldos territoriales, las estructuras partidarias y la capacidad de sentarse a negociar.

La Liga de Intendentes quiere dejar de ser espectadora

Uno de los movimientos más interesantes es la consolidación de la Liga de Intendentes Peronistas, un espacio que busca intervenir con mayor peso en las decisiones políticas y electorales de la provincia.

El grupo pretende que el próximo gobernador o gobernadora tenga experiencia de gestión municipal. Federico Achával, intendente de Pilar, defendió públicamente esa posición: sostiene que alguien que haya gobernado un municipio debería tener un lugar central en la discusión por la sucesión.

La propuesta tiene una lógica política concreta. Los intendentes administran territorios, conocen sus electorados y cuentan con estructuras propias. En muchos casos, además, son quienes deben enfrentar las consecuencias cotidianas de las decisiones económicas nacionales y provinciales.

Pero también hay una cuestión de poder.

Los jefes comunales no quieren limitarse a poner militantes en los actos, movilizar gente cuando hace falta y después enterarse por televisión quién será el candidato. Quieren participar de la decisión.

Dentro de ese universo aparecen nombres como Mariel Fernández, intendenta de Moreno; Federico Achával, de Pilar; Federico Otermín, de Lomas de Zamora, y Gustavo Menéndez, de Merlo.

La Liga no representa una ruptura formal con Kicillof. Varios de sus integrantes mantienen vínculos con el gobernador y reconocen su peso político. Sin embargo, construir una voz propia les permite negociar desde otra posición.

En criollo: una cosa es acompañar a un dirigente y otra muy distinta es entregarle un cheque en blanco.

La Cámpora, el kicillofismo y Massa también juegan

La interna no se reduce a una competencia entre ministros e intendentes. El kirchnerismo conserva estructura partidaria, representación legislativa y capacidad de intervención en las decisiones del peronismo bonaerense.

En ese escenario, Mayra Mendoza aparece entre los nombres mencionados para una eventual candidatura provincial. La exintendenta de Quilmes y actual diputada provincial forma parte de un sector que buscará conservar influencia en el armado electoral.

Del lado de Kicillof, el Movimiento Derecho al Futuro intenta ordenar sus propias alternativas. Además de Katopodis, en las conversaciones aparecen Julio Alak, Jorge Ferraresi, Carlos Bianco y Fernando Espinoza, aunque sus situaciones y niveles de exposición son diferentes.

El Frente Renovador de Sergio Massa también constituye un actor relevante para cualquier acuerdo amplio.

Ninguno de estos espacios tiene garantizado imponer su candidato sin negociar con los demás. Y esa es, precisamente, la razón por la que la discusión puede volverse áspera.

Una primaria permitiría medir fuerzas dentro de una misma alianza, siempre que las reglas electorales finalmente la habiliten y los sectores acepten competir bajo ese mecanismo. Si no hay PASO, la definición podría depender mucho más de los acuerdos entre dirigentes y de la distribución de lugares en las listas.

La diferencia no es menor. En una elección interna, cada sector necesita convencer a los votantes. En una negociación cerrada, el peso de cada dirigente depende también de la estructura que pueda aportar y de los costos políticos que genere dejarlo afuera.

¿Quién paga el costo de la interna?

Mientras la dirigencia discute candidaturas, la provincia tiene problemas bastante menos abstractos.

Los municipios deben sostener servicios, atender reclamos vecinales y administrar recursos limitados. La actividad económica, el empleo y el consumo forman parte de una realidad que no se resuelve con una fotografía de unidad ni con una consigna electoral.

La pregunta para cualquier aspirante a gobernador debería ser qué propone hacer con esa provincia, no solamente cómo piensa llegar a conducirla.

¿Habrá una discusión seria sobre infraestructura, salud, educación, seguridad y financiamiento municipal? ¿Qué margen tendrán los intendentes para sostener sus servicios? ¿Cómo se repartirán las responsabilidades entre Nación, Provincia y municipios?

Y, sobre todo, ¿qué diferencias concretas habrá entre los proyectos que hoy compiten por el mismo espacio político?

Son preguntas que todavía necesitan respuestas. Las declaraciones de intención sirven para identificar movimientos, pero no reemplazan un programa de gobierno ni constituyen un compromiso electoral definitivo.

También conviene distinguir entre una aspiración pública y una candidatura formal. La carrera está abierta, pero las alianzas, las reglas electorales y los respaldos todavía pueden cambiar.

2027: la pelea por la Gobernación es también una pelea por el futuro del peronismo

La sucesión de Kicillof puede terminar definiendo mucho más que el nombre del próximo gobernador bonaerense. También puede determinar quién conduce el peronismo provincial, qué lugar ocupa cada sector y con qué estructura llegará el espacio a la próxima disputa presidencial.

Los ministros buscan mostrar experiencia. Los intendentes exhiben territorio. El kirchnerismo conserva su capacidad de organización y el massismo mantiene un lugar en la negociación.

Todos tienen argumentos para reclamar participación. Ninguno quiere quedar subordinado a una decisión ajena.

La paradoja es que el peronismo todavía necesita construir una propuesta capaz de volver a conectar con una sociedad golpeada por los problemas económicos, pero buena parte de su energía política ya está puesta en resolver quién conducirá el próximo capítulo.

No es un pecado discutir candidaturas antes de tiempo. El problema aparece cuando la discusión por los cargos se come a la discusión sobre lo que se quiere hacer con el poder.

Porque el sillón de Dardo Rocha no es un premio para el dirigente que consiga más apoyos internos. Es la responsabilidad de gobernar una provincia en la que millones de personas esperan respuestas.

Y en esa carrera hay una pregunta que ningún armado político debería esquivar: cuando se apaguen las luces de los actos y termine la pelea por las listas, ¿quién va a hacerse cargo de los problemas que siguen esperando en la calle?

La interna ya empezó. La provincia, mientras tanto, no puede darse el lujo de esperar.

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