Sergio Massa vuelve a mirar el 2027: ¿cambió él o cambió el país?
Una nueva encuesta lo ubica seis puntos arriba de Javier Milei en un eventual balotaje. El dato reabre una discusión que el peronismo todavía no resolvió: quién puede competir mejor cuando llegue la hora de poner un candidato en la boleta.
Hay políticos que desaparecen cuando pierden. Y hay otros que se corren unos metros, esperan que el ruido baje y empiezan a mirar de nuevo.
Sergio Massa parece haber elegido la segunda opción.
En 2023 perdió el balotaje contra Javier Milei por más de once puntos. Pero aquella derrota no ocurrió en cualquier contexto. Massa no era solamente el candidato de Unión por la Patria. Era también el ministro de Economía de un gobierno que terminaba con una inflación anual del 211,4%, según el INDEC.
Era imposible separar al candidato del ministro.
La boleta tenía nombre y apellido, pero también tenía supermercado, combustible, alquiler, salarios y una inflación que se había convertido en una experiencia cotidiana.
Tres años después, la foto empieza a ser otra.
Massa bajó considerablemente su exposición pública. Dejó de ocupar el centro de la escena todos los días y perdió, deliberadamente o no, parte de aquella asociación directa con la gestión económica.
Y la política argentina tiene una particularidad bastante cruel: a veces alcanza con dejar pasar el tiempo para que una derrota empiece a ser leída de otra manera.
Sergio Massa y el dato que volvió a mover el tablero
Una medición reciente de QSocial Big Data volvió a poner a Sergio Massa en el centro de la discusión electoral.
Según el relevamiento, realizado entre el 21 y el 24 de agosto sobre 1.200 casos, Massa alcanzaría el 44% frente al 38% de Javier Milei en un eventual balotaje de 2027. El 18% restante aparece como electorado que todavía no define su posición. El margen de error informado es de ±2,9%.
El número no significa que Massa tenga hoy una elección ganada.
Ni siquiera significa que vaya a ser candidato.
Pero sí rompe una certeza que durante bastante tiempo pareció instalada: que la derrota de 2023 había dejado al exministro fuera de la discusión presidencial.
La misma medición presenta otro escenario interesante. Axel Kicillof aparece con 42% frente al 40% de Milei, una diferencia mucho más ajustada y dentro de un margen que obliga a tomar el resultado con cautela.
Y ahí aparece el verdadero problema del peronismo.
No hay un candidato indiscutido.
Hay nombres.
Hay estructuras.
Hay dirigentes con territorio.
Hay dirigentes con imagen.
Y hay dirigentes que, según la encuesta que uno mire, aparecen mejor o peor parados.
Pero todavía no hay dueño de la candidatura.
La paradoja de Massa: perdió cuando estaba más expuesto
La política argentina tiene memoria corta, pero los votantes no siempre la tienen.
Massa fue candidato presidencial después de atravesar una campaña en la que su principal problema era explicar la economía de un gobierno que llegaba exhausto a las urnas.
No tenía que convencer solamente de lo que podía hacer.
Tenía que defender lo que ya había hecho.
Y esa diferencia es enorme.
Un candidato opositor puede prometer.
Un funcionario que busca continuar debe rendir examen.
En 2023 Massa cargó con ese examen.
La inflación, la pérdida del poder adquisitivo y el deterioro económico eran parte de la conversación diaria. El INDEC registró una inflación del 25,5% solamente en diciembre de aquel año y una acumulada de 211,4% durante 2023.
El votante no necesitaba que nadie le explicara la economía.
La veía en la caja del supermercado.
La veía en la farmacia.
La veía en el surtidor.
La veía cuando cobraba el sueldo.
Y eso terminó pesando.
Hoy Massa tiene algo que no tenía entonces: distancia.
No necesariamente una absolución.
Distancia.
¿Massa cambió o cambió el escenario político?
Esta es probablemente la pregunta más interesante.
Porque una encuesta puede mostrar que un candidato está mejor posicionado, pero no puede borrar automáticamente su historia.
Massa sigue siendo Massa.
El mismo dirigente que fue intendente, diputado, jefe de Gabinete, candidato presidencial y ministro de Economía.
Lo que cambió es el lugar desde el cual aparece.
Ya no está obligado a explicar cada número del Gobierno.
Ya no es el funcionario que tiene que salir a defender una gestión minuto a minuto.
Puede hablar de futuro.
Puede negociar.
Puede construir acuerdos.
Puede recorrer el peronismo sin estar permanentemente obligado a defender una decisión tomada el día anterior.
Y esa transformación puede tener un valor electoral considerable.
Porque una cosa es votar a un ministro.
Otra muy distinta es votar a un dirigente que promete volver al poder después de haber pasado tres años en la oposición.
El peronismo tiene una discusión más incómoda que Massa
Mientras todos miran los números, hay una discusión que debería estar ocurriendo dentro del peronismo.
¿Qué quiere elegir?
¿Al candidato que representa mejor su identidad?
¿Al que puede ordenar las distintas tribus?
¿Al que tiene mayor capacidad de negociación?
¿O al que tiene más posibilidades de ganar?
Porque no necesariamente es la misma persona.
Y ahí está el verdadero problema.
Massa puede tener una ventaja en una eventual segunda vuelta y, al mismo tiempo, no ser el candidato que más entusiasme a la estructura tradicional del peronismo.
Kicillof puede representar otra sensibilidad política y tener una construcción territorial diferente.
Y podrían aparecer otros nombres.
El problema es que el peronismo argentino suele discutir primero quién tiene razón y después quién puede ganar.
La historia electoral demuestra que esa secuencia puede salir bastante cara.
El 18% que todavía no eligió puede valer más que cualquier interna
Hay otro número de la encuesta de QSocial que merece atención: el 18% que no define su voto.
Ese electorado es enorme.
Y puede ser mucho más importante que los seis puntos que hoy separan a Massa de Milei.
Porque una encuesta de 2026 no es una elección de 2027.
Falta muchísimo.
Puede cambiar la economía.
Puede cambiar la imagen presidencial.
Puede aparecer un tercer candidato.
Puede romperse una alianza.
Puede aparecer una crisis.
Puede mejorar el bolsillo.
Puede empeorar.
La política argentina tiene una capacidad extraordinaria para transformar una foto en una película completamente distinta.
Por eso, celebrar demasiado una encuesta a esta altura sería tan apresurado como enterrarlo políticamente a Massa por su derrota de 2023.
Milei también juega en esta historia
El dato no habla solamente de Massa.
Habla de Javier Milei.
El Presidente sigue siendo competitivo y cualquier escenario electoral a más de un año de una elección nacional debe leerse con enorme prudencia.
Pero que una medición coloque hoy a Massa seis puntos por encima en una segunda vuelta representa, al menos, una señal política que el oficialismo no puede ignorar.
Más todavía porque el mismo estudio muestra a Kicillof también por encima, aunque por una diferencia menor.
El escenario, entonces, no es “Massa ya volvió”.
Es otro.
El peronismo empieza a tener dirigentes capaces de aparecer competitivos frente a Milei en determinados escenarios.
Y eso cambia la conversación.
La política argentina puede estar preparando otra sorpresa
Hace tres años Massa parecía condenado a quedar asociado para siempre con aquella derrota.
Hoy vuelve a aparecer en las mediciones.
No como el ministro que tenía que apagar incendios.
No como el candidato que debía explicar una economía en crisis.
Sino como un dirigente que puede presentarse ante el electorado desde otro lugar.
¿Alcanza?
Todavía no.
¿Es suficiente para pensar en 2027?
Tampoco.
Pero sí alcanza para una pregunta bastante incómoda.
Tal vez Sergio Massa no haya cambiado tanto.
Tal vez haya cambiado el país que tiene enfrente.
Y si eso es así, el problema para el peronismo no será solamente decidir quién representa mejor su identidad.
Será decidir quién puede transformar esa identidad en votos.
Porque cuando llegue la hora de cerrar las listas, las internas van a discutir nombres, sellos y lugares.
Pero el votante va a hacer una pregunta bastante más sencilla.
La de siempre.
“¿Y este tipo puede gobernar mejor mi vida que el que está ahora?”
Ahí se terminan las internas.
Y empieza la elección.