Kicillof recordó la Noche de los Lápices en La Plata y convirtió la memoria en una disputa política del presente
En el 50° aniversario de la Noche de los Lápices, Axel Kicillof encabezó en La Plata un acto junto a Estela de Carlotto y Julio Alak. El gobernador reivindicó el boleto estudiantil y vinculó la memoria de la dictadura con los debates políticos actuales.
La Noche de los Lápices volvió este miércoles al centro de la agenda política bonaerense. A 50 años de los secuestros de estudiantes secundarios ocurridos en La Plata durante la última dictadura, el gobernador Axel Kicillof encabezó un acto en la Plazoleta Noche de los Lápices junto a la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el intendente platense, Julio Alak.
La fecha recuerda los secuestros ocurridos desde el 16 de septiembre de 1976 y durante los días posteriores, cuando jóvenes vinculados principalmente a la militancia estudiantil fueron perseguidos, secuestrados y torturados. Seis de ellos continúan desaparecidos y cuatro sobrevivieron.
📚 Para entender esta historia
La Noche de los Lápices ocurrió pocos meses después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Los estudiantes habían participado de distintas experiencias de organización política y estudiantil en La Plata. Entre sus reclamos estaba el boleto estudiantil, aunque la sobreviviente Emilce Moler ha señalado que reducir aquellos secuestros exclusivamente a esa reivindicación simplifica una historia atravesada también por la militancia política y la persecución represiva.
Con el paso de las décadas, el episodio se convirtió en uno de los símbolos más reconocidos de la represión contra jóvenes durante la dictadura. Desde 2014, además, el 16 de septiembre es el Día Nacional de la Juventud, establecido por la Ley 27.002.
Kicillof vinculó la Noche de los Lápices con el presente político
Durante el acto en La Plata, Kicillof sostuvo que recordar a aquellos estudiantes implica recuperar su capacidad de organización colectiva.
“Estamos acá para recordar y homenajear a los pibes y pibas que lucharon colectivamente por un bien común”, afirmó el gobernador, antes de presentar el boleto estudiantil bonaerense como una de las políticas concretas destinadas, según su interpretación, a mantener vigente aquella reivindicación.
Pero el discurso rápidamente salió del terreno estrictamente conmemorativo.
Kicillof sostuvo que actualmente existen, en Argentina y en otros países de la región, proyectos económicos que considera similares a los aplicados durante la última dictadura. A partir de esa comparación, planteó que la memoria no debe quedar limitada a una ceremonia anual, sino transformarse en participación y organización política.
El gobernador también llamó a asumir un “compromiso democrático” frente a lo que definió como un “experimento de la ultraderecha” en Argentina.
La definición introduce una dimensión política evidente en un acto de memoria: para Kicillof, recordar el pasado no consiste solamente en preservar una fotografía histórica, sino en utilizar esa experiencia como referencia para discutir las decisiones del presente.
La Plata, el boleto estudiantil y una memoria que sigue interpelando
La elección del lugar tampoco es menor. La Plata fue escenario central de aquellos acontecimientos y conserva una fuerte relación con la historia de los estudiantes secuestrados.
Durante el acto se entregaron reconocimientos a Emilce Moler y Gustavo Calotti, dos de los sobrevivientes. Su presencia permitió conectar la conmemoración institucional con quienes atravesaron directamente aquella experiencia represiva.
Estela de Carlotto sostuvo que el encuentro expresaba la existencia de una sociedad que continúa recordando a quienes perdieron la vida y reclamó que las nuevas generaciones mantengan las luchas vinculadas con la memoria, la verdad y la justicia.
Alak, por su parte, definió el homenaje como una reivindicación del compromiso de los estudiantes secundarios perseguidos durante la dictadura y destacó el carácter político y social de aquella generación.
La escena tuvo, así, todos los elementos de una conmemoración oficial: autoridades, organismos de derechos humanos, estudiantes, familiares, legisladores y sobrevivientes. Pero también tuvo algo más difícil de separar de la política cotidiana: la utilización del pasado como marco para interpretar el presente.
El problema de convertir la memoria en una consigna de gobierno
La discusión no pasa por si la Noche de los Lápices debe recordarse. Eso forma parte de una política de memoria consolidada durante décadas. El debate aparece cuando esa memoria se transforma también en argumento para discutir modelos económicos, gobiernos y proyectos políticos actuales.
Kicillof eligió hacerlo explícitamente.
Su discurso establece una línea entre aquellos jóvenes perseguidos en 1976, la defensa de determinados derechos en el presente y su posicionamiento frente al rumbo político nacional. Es una lectura política de la memoria que el gobernador expuso sin demasiados rodeos.
La dificultad, como siempre, está en evitar que una tragedia histórica termine reducida a una herramienta de la disputa partidaria de cada época.
Porque recordar a los estudiantes de La Plata exige algo bastante más incómodo que repetir consignas: exige reconstruir qué ocurrió, quiénes fueron perseguidos, por qué fueron secuestrados y qué consecuencias tuvo aquella maquinaria represiva.
Cincuenta años después, la memoria sigue siendo política. Pero también debería seguir siendo memoria.
Y quizá allí esté el desafío: que el homenaje no dependa de quién gobierna, de qué partido ocupa la Casa Rosada o de qué discurso resulta más conveniente en una coyuntura electoral. Los nombres de aquellos estudiantes son anteriores a cualquier pelea política actual y, precisamente por eso, deberían sobrevivirla.
Una fecha que no cabe en una foto oficial
La Noche de los Lápices nació de una historia concreta, en una ciudad concreta, protagonizada por adolescentes que tenían entre 16 y 18 años. Algunos militaban, otros reclamaban derechos estudiantiles y todos quedaron atrapados en una estructura represiva que convirtió la participación política en motivo de persecución.
Hoy, medio siglo después, cada gobierno puede elegir qué aspecto destacar. Kicillof eligió hablar de organización, derechos, boleto estudiantil y confrontación con el rumbo nacional.
La memoria, sin embargo, tiene una ventaja sobre la política: no necesita ganar una elección para permanecer.
Epílogo
Cincuenta años después, La Plata vuelve a mirar aquella noche. La política cambia de nombres, de slogans y de gobiernos; los lápices, por suerte, siguen escribiendo.
Ensobrados, desde La Plata y la memoria bonaerense, donde la historia no debería necesitar un acto oficial para recordar lo que nunca debió ocurrir.